Se convirtió en el pasatiempo de algunos de los programadores de los laboratorios Bell de AT & T. Así lo confirma Marcelo Mason, en un trabajo publicado en Internet.
El juego consistía en que dos jugadores escribieran cada uno un programa llamado organismo, cuyo hábitat fuera la memoria de la computadora. A partir de una señal, cada programa intentaba forzar al otro a efectuar una instrucción inválida, ganando el primero que lo consiguiera.
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